07 | Mayo | 2019

Los chicos y los jóvenes de hoy, no leen

Si bien todavía nos debemos en nuestro país un sistema de seguimiento estadístico de los consumos culturales en general y de libros y de la lectura en particular, cada día resulta más difícil seguir repitiendo ese adagio que, muchas veces influido a su vez por aquel otro que afirma que “todo tiempo pasado fue mejor”, sostiene que “los chicos ya no leen”. Al menos dos datos parecerían desmentir la afirmación que lleva por título esta breve reflexión.

 


Por un lado, el lugar que aún en una industria en crisis sigue teniendo en las ventas de libros, los destinados al público menudo. Desde hace ya varios años y nos solo en nuestro país, hay consenso entre los editores en afirmar que es el público infantil y juvenil el que viene amortizando la crisis y transformación de la industria del libro. Así parecen confirmarlo no sólo las estadísticas generadas en los puntos de venta sino también en el número de libros nuevos de aquella categoría que se registran anualmente, o en la emergencia permanente de proyectos que, además, pujan y con bastante éxito, por dar a luz propuestas innovadoras destinadas a esta franja del público lector.

Por el otro, la explosión de los más variados dispositivos digitales de extendido consumo y uso sobre todo entre los niños y jóvenes, en los que además de cuestiones lúdicas se ponen en juego –aunque muchas veces no lo percibamos conscientemente - permanentes y nuevas prácticas de lectura y escritura. Si estamos de acuerdo en que esto además ocurre de un modo intensivo en función de las horas en que nuestros hijos y nietos están expuestos a estos artefactos, tal vez será necesario pensar si aquellas prácticas de lectura y escritura no pueden estar hablando de ciertos “efectos colaterales” no pensados y positivos de ese cada vez más sostenida exposición a las pantallas.

No sabemos si las estadísticas dirán que hay más o menos lectura que en aquellos tiempos en los que el libro (en su formato de códice como lo conocemos desde hace siglos) ha ocupado siempre el sitial por excelencia de la cultura letrada. Lo que sin duda no podrá negarse es que todos –pero principalmente niños y jóvenes- estamos leyendo de otra manera. Junto a la preocupación por el “cuánto”, entonces, deberá estar presente también interrogarnos por el “cómo”.


Diego F. Barros. Docente y coordinador del curso de especialización en “Gestión de la Producción editorial”.


 

 

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