Publicado
17/12/2025
En el marco de Usina Creativa, estudiantes de Diseño participaron de un proyecto junto a APAD (Asociación de Padres y Amigos del Discapacitado) ubicada en San Miguel, que los invitó a repensar el rol del diseño en contextos reales. A partir de la escucha, el intercambio y el trabajo colectivo, el diseño se convirtió en una herramienta de diálogo, construcción de sentido e impacto social, donde el proceso fue tan transformador como el resultado.
Desde Fundación Gutenberg impulsamos experiencias formativas que conectan a nuestros estudiantes con contextos reales, desafíos concretos y actores sociales con los que el diseño puede generar un impacto genuino.
En este caso, el trabajo se desarrolló junto al Centro de Día El Rincón de APAD (Asociación de Padres y Amigos del Discapacitado) una institución que brinda atención integral a jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y/o mental severa, con el objetivo de mejorar su calidad de vida y promover su inclusión social.
Pero esta vez, la voz protagonista es la de quienes diseñaron y de las personas para quienes el diseño se construyó.
"Este proyecto nos enfrentó a una pregunta clave: cómo diseñar sin imponer, sin simplificar realidades complejas y sin perder de vista a las personas detrás de cada decisión gráfica.”
"Este proyecto nos enfrentó a una pregunta clave: cómo diseñar sin imponer, sin simplificar realidades complejas y sin perder de vista a las personas detrás de cada decisión gráfica.”
Trabajar con el Centro de Dia El Rincón de APAD implicó, para el equipo de estudiantes, repensar el rol del diseño y del diseñador.
En términos concretos, el trabajo se centró en repensar la identidad institucional para unificar y fortalecer su comunicación. Esto incluyó el desarrollo de criterios visuales aplicados a la página web y las redes sociales, la creación de recursos gráficos prearmados para su uso cotidiano por parte de la organización, y el diseño de piezas de folletería, con el objetivo de ordenar, unificar y facilitar la comunicación de APAD en sus distintos espacios y canales. No se trató solo de actualizar una imagen institucional, sino de construir un sistema visual que pudiera ser comprendido, apropiado y sostenido por quienes lo usan cotidianamente.
“El mayor desafío no estuvo únicamente en definir colores, tipografías o piezas, sino en lograr que cada recurso gráfico respondiera a un objetivo real: comunicar con claridad, generar reconocimiento y ampliar el alcance de la institución sin perder su identidad ni su sensibilidad”.
A lo largo del proceso, el diseño se convirtió en una herramienta de diálogo. Escuchar, intercambiar, validar y volver a ajustar fue parte central del trabajo. Así, los estudiantes pudieron experimentar cómo el diseño habilita voces, construye visibilidad y acompaña procesos de transformación social.
“Entendimos que el diseño genera cambios. Cuando se trabaja desde la escucha y el intercambio, deja de ser un resultado final para convertirse en un dispositivo de comunicación y transformación.”
Este proyecto también fue una instancia clave de aprendizaje profesional. Diseñar en un contexto real implicó comprender que los tiempos no los define solo el diseñador, que las decisiones requieren acuerdos y validaciones, y que argumentar forma parte del impacto que se busca generar.
“Más allá del resultado, fue una experiencia de aprendizaje sobre cómo funciona el diseño en la práctica: acompañar procesos, entender contextos y asumir responsabilidades.”
“Más allá del resultado, fue una experiencia de aprendizaje sobre cómo funciona el diseño en la práctica: acompañar procesos, entender contextos y asumir responsabilidades”.