10 | Abril | 2019

Los libros y la escuela

Los niños y jóvenes, qué duda cabe ya, están “tomados” por las nuevas tecnologías. Sin lugar a dudas, buena parte de su tiempo libre (y no solo del libre) está ocupado por el uso de la televisión, la computadora, el teléfono celular y los videojuegos.

 



Aquellas imágenes de un chico haciendo ocio con un libro en la mano, parecen formar ya parte de la prehistoria de la historia de la cultura. Sin embargo, la escuela, aún en crisis, es un ámbito en el que el libro sigue “haciendo de las suyas”. En efecto, entre los editores suele sostenerse que resulta muy difícil que un catálogo pueda prosperar sin tener de alguna manera presente a la escuela como uno de sus principales destinatarios. Sea mediante el libro de texto (sin lugar a dudas acosado particularmente por la irrupción de los tiempos digitales) o el libro de literatura infantil o juvenil de prescripción escolar, o bien mediante el muchas veces silencioso pero invalorable trabajo de los bibliotecarios escolares, la presencia del libro en las escuelas sigue siendo un respiro para una industria editorial en turbulencia. Desde luego que mantenerse en ese lugar es un desafío cotidiano. Pero a no confundirse: no es solo el avance imparable de las nuevas tecnologías lo que pone en jaque al libro en las escuelas; lo es mucho más (y hay que estar muy atentos a eso) la pérdida de la confianza de los docentes y de los padres en el poder transformador de la lectura. La escuela debe seguir siendo lo que siempre fue: un semillero de lectores.


Diego F. Barros. Coordinador del curso de especialización en “Gestión de la Producción editorial”.